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Días de Encuentro

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Juan Manz, Jorge Souza, Mara Romero, Antonio Orihuela y Omar Pimienta.

Encuentro Internacional de Escritores "Bajo el Asedio de los Signos" que se realizó en Ciudad Obregón este pasado fin de semana. El séptimo.

Séptima hazaña de Juan, Mara y auxiliares. Un milagro. Presentaban, el sábado 14 por la mañana, la antología  poética "21 balas" , que había sido publicada en España y ahora se  presentaba la versión mexicana. Juan, Jorge, Mara y Omar son cuatro de los poetas antologados,  Antonio fue quien gestionó la edición en su patria, España.

Realmente se comprende que es la mejor manera, actualmente, de divulgar poesía. Esfuerzo conjunto, ofrecer al lector un crisol de manjares literarios, donde pueda meter la mano y sacar cualquier caramelo que de seguro, le gustará. En estos años cibernéticos, donde cualquiera se siente poeta, cualquiera pergeña o plagia, sí vale la pena poner en papel la firma del alma. Quién lo dijera, está más seguro el material del corazón, en el papel, que escrito en bytes.

Una "hija" extraviada

En unos días más, una compañera y yo visitaremos un par de sitios para promover nuestros libros, y llevaré a mostrar mi novela “Una Cenicienta sin Zapato”, publicada en España.

Es una hijita descarriada que gocé inmensamente al escribirla, aunque ya está dejando de gustarme (por fortuna, lo cual significa que ya debo emprender otra cosa).

Fue asimismo mi primera experiencia de entrega en adopción de un producto de mis entrañas (¡ozú! Qué cursi). En fin.

Aquí, los primeros párrafos de un capítulo donde la protagonista se prepara para su primera cita de, enamorada de un galán –según ella- de novela rosa. Ah… qué cotorreo, señor Don Simón. 

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Como él recordaría el vestido azul cobalto y además recién aprendía que el tiempo con él sería impredecible, pasó los días siguientes buscando algún vestido hermoso para la cena prometida. Si supiera el mundo –hablaba en voz alta mientras se miraba al espejo antes de salir - el estado mágico que significa “no tengo qué ponerme”, la cursilona de Fiona Bo podría escribir obras de arte con el tema. La crónica del instante –en que una mujer no sabe qué ponerse-, se vuelve eterna y las novelas de la vida interior, de tiempo elástico que han escrito los genios de la literatura, cobrarían un nuevo enfoque.

    Pero bueno… quizás un instante eterno es para los hombres, un segundo antes del primer balazo en una batalla; el rostro misterioso de un ejecutivo todopoderoso que les dirá “el puesto es tuyo”, “te aumentamos los honorarios”; o peor, cuando la mujer que aman les dará el sí para la cama… que no para la boda, ingenuas de nosotras…

    Un instante eterno, para una mujer que “no tiene qué ponerse” significa una reflexión sobre su lugar en la vida; una evaluación de su capital social: Sus formas corporales, la seguridad en sí misma. Significa redimensionarse en la comunidad donde vive; saber dónde está ubicada. Significa revaluarse ante el hombre que estará a su lado, o sentirse miserable y fea. Significa compararse con otras mujeres y saber si destaca aunque sea medio meñique por encima de sus cabezas, o queda al menos igual que todas; jamás por debajo. Saber qué ponerse dice todo de la autoestima; no saber puede revelar una desdicha interior infinita porque nunca se ha tenido el dinero suficiente para comprar lo que se quiera; o bien que se es tan tonta que se piensa que los trapos lo hacen todo.

    No lo hacen todo; no. Pero cómo ayuda un escote, un color adecuado, una pulsera reluciente, un zapato que nos queda cómodo.

    Se miraba al espejo de cuerpo entero, empañado y de fondo carcomido que estaba allí, en el departamento, desde que ella lo rentó. Se miraba en fragmentos y le había inspirado suficiente respeto su antigua dueña como para conservarlo. Se miró y se vio bien; incluso guapa. Su pelo como mantilla de terciopelo color tabaco, ahora lo deja suelto porque la sensualidad no le permite dormir. ¿La sensualidad? ¿Calentura, Raquel?, se decía… Qué vulgaridad, no; la sensualidad. La que se usa para escoger un vestido; para imaginar el primer beso, para saborear de antemano la rendición en las sábanas… la sensualidad de arreglarse las manos y que sean bellas; las pestañas, la piel, incluso liberar la mente de todos los temores.

    Si el mundo-hombre supiera la significación del “no tengo qué ponerme”, lo aprovecharían para controlarnos, en lugar de dejarle ese capital inconmensurable al mundo de los diseñadores, al fin mujeres también, en cuerpos de hombre.  

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La portada de la novela

Hogar

 

                       Hogar

Las frases salían de mi mano cansadas, empapadas con la savia depresiva de mi ánimo. Confundido con el roce de la pluma al escribir, escuché de pronto, a mi espalda, un golpe repetido de algo blando en el vacío y después una leve corriente de aire, cargado de un perfume tan tenue que supuse imaginado. Tuve que erguirme y voltear.

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Farewell, Benedetti

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Hola, querido:

Es cierto que hace muchos días ya de tu partida definitiva, y tardíamente reacciono al hecho. También es cierto que no debiera afectarme tanto, pues llegaste a vivir tantos años que, conociéndote como te conozco, estoy segura los últimos te fueron desdichados. Sin embargo, me disculpo con una buena razón: No tenía valor para escribirte la despedida.

Lloraría y ya no disfruto el llanto, vieras. No me sirve, tú debiste saberlo bien, supongo. La vida llega a cansar de tal manera que decides ha sido suficiente y sin embargo… tienes que seguir. Aquellos años mozos, cuando te conocí, quedaron atrás; aunque por supuesto la semilla del amor que germinó en mi mente y corazón leyendo tus novelas, tus poemas y tus cuentos, creció con el tiempo y se convirtió en un frondoso árbol que me dio sombra muchos años.

Cuando nos tomamos juntos aquella taza de café en el restorán, durante la primera visita que hiciste a mi ciudad, no me atreví a decirte cuánto me había enamorado ya de tu literatura, o sea de ti. No lo dije y no te lo hubiera dicho nunca porque no tenía sentido; es un amor que siente muchísima gente igual que yo, tus lectores, todos amigos entrañables, todas enamoradas suspirantes sin que tú lo sepas, sin que lo imagines siquiera.

Ese es uno de los mayores tesoros de la literatura: Pones en ella el corazón cuando la haces, luego tus lectores lo toman y lo hacen suyo. Yo empecé a enamorarme de ti desde mis años muy jóvenes, cuando errabas en el exilio, desde que tu corazón sangraba por tu país, desde que tuviste que abandonar tu entorno físico más entrañable para pregonar por el mundo la injusticia que sufrían tus compatriotas uruguayos.

“La Tregua” me arrancó llanto, como a toda romántica, a pesar de que está narrada con “frialdad” de hombre. Con ese sentimiento soterrado de un hombre maduro que no se confiesa a sí mismo que se muere de amor por una chica joven y escuálida, ni siquiera bonita, pero tan tierna y femenina que es capaz de darle la felicidad más grande de su vida.

Y brincando a “El cumpleaños de Juan Angel”, para no entretener el sentimiento en las demás lecturas y llorar ahora sí, comprendí más tu sentir cuando encarnaste un personaje viril y osado que debe abandonarlo todo y arriesgar la vida para luchar contra la dictadura y la arbitrariedad. Un bien superior que subordina a todos los demás.

Luego, a vivir errante. A llorar por los tuyos, pero desde lejos.

¿Cómo no iba a amarte?

¿Sabes? Traté de demostrar, en mis avatares académicos, que hiciste tus novelas claramente sobre tu cambio interior, de la indecisión y la apatía, al valor convencido de que la justicia social es el bien supremo. Te lo conté frente a aquel café juntos, pero no me entendiste. Estabas demasiado apasionado en tu lucha, haciendo lo que sabías: Escribir, denunciar, hablar, relatar los horrores que se vivían en tu patria.

 

Y bueno… ya pasó todo. Tu valor y decisión te convirtieron, de un oficinista de gobierno que escribía sus versos y los imprimía a pagos con un amigo, que los vendía en kioscos a consignación para liquidar la edición y hacer el siguiente, en la super nova de los escritores latinoamericanos, que tal vez nunca deseaste llegar a ser, porque, mira… para mí está claro: La fama nunca fue tu meta, ni tu ambición mayor. Tu deseo más profundo fue que tus letras sirvieran para dar consuelo a los demás, para levantar la esperanza.

 

Es mejor que termine esto. Estoy hurgando demasiado en los recuerdos y no quiero llorar. No quiero llorar…te. Tu vida fue, definitivamente, un sol. Mejor para los demás no pudo ser. Nos diste tanto, tanto a tus lectores, a tus amigos y enamoradas.

Aunque nosotros te dimos sólo admiración que nunca llenó tus anhelos, porque, querido, la Literatura eso es, un limbo de ideales que no resuelve nada, sólo mueve las almas hacia el bien o despierta las conciencias, pero contra el mal y la ambición puede muy poco.

Su único premio es alcanzar y brindar la inmortalidad a quienes la hicieron, como tú, con verdadero amor por la vida y tus semejantes. Así que no has muerto ni morirás ya nunca, a pesar de tus pesares. Descansa en paz, que no lograste liberar a tu patria ni evitar el sufrimiento de los caídos en la lucha, pero dejaste algo más valioso: La constancia de que la Humanidad no está sola: Tiene a sus artistas y pensadores para consolarla y señalarle caminos espirituales que la hagan crecer.

 

 

 

 





 

Cualquier tiempo pasado

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No, que no… nada fácil hacerse a la idea que ésa de la foto es una misma, cuando vivía una realidad fantástica.

Se ha vuelto así -fantástica- por la forma en que están fijas las imágenes en la memoria de aquellos vestidos de brillo mágico, entreverado en el hilo de seda, los zapatos de pico y tacón de aguja, y los peinados enormes que nos hacían ver –a las mujeres- como hormigas, con una enorme cabeza y una cintura breve, ay… tan breve.

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¡La encontré!

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Publicar en una editorial grande para nada es cumplir la meta de un escritor. Es comenzar un sofisticado calvario que ni siquiera garantiza la trascendencia.

    He llegado a creer que es más intensa y hermosa la experiencia de publicarse uno sus propias cositas y regalarlas a los amigos, a los que realmente se conmueven con lo que uno escribe. Vale mucho más eso que lanzar un trabajo propio al mar del mundo editorial, donde se perderá como una botella con un mensaje. Ciertamente alguien lo leerá, algún desconocido situado en un rincón del planeta, donde nunca sabremos de él o ella, y jamás podrá decirnos si nuestras palabras le llegaron al corazón.

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Drama de dramaturgo

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Coincidí con él en encuentros de teatreros en Monterrey, la ciudad de México, en Pachuca, Hidalgo; y alguna vez en la misma ciudad donde vivo.

   Jesús González Dávila entonces era un dramaturgo en plena fama, forjado y reconocido después de un demonial de trabajo, primero por estudiar en la universidad (es lo de menos cuál), decidirse a ser actor, luego director, luego dramaturgo para con ello finalmente empezar a dibujar su mundo emocional en el escenario, tan terrible o más que la misma realidad en la que había luchado para objetivar su vida interior, para gritar su dolor acumulado.

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Vacío

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Escribirle a "El" representa un lugar común. Harto sabido es que Su esencia, Sus leyes despiadadas, Sus lecciones del bien y el mal han sido los temas que mayor angustia causan a los seres pensantes.

   ¿Soy un ser pensante? En mi naturaleza hembra se da el sentir a conciencia, con una lucidez que bien mirado supera todas las ficciones de terror que los hombres han inventado. Pero en mi naturaleza también se da el pensar; poco en los temas de lo que parece un sinsentido, como la duración del Universo o si las estrellas que miramos ya fueron devoradas por el tiempo.

   Pienso, "mujer", en el amor que se seca en mis manos, la muerte como el vaho que destruye lo grandioso, lo único por lo cual vale la pena luchar: LA VIDA.

   Pensar y sentir, sentir y pensar... ¿qué es primero? Ambas veredas de la conciencia se unen, se distancian, se retuercen, luchan entre sí despedazando a veces la paz del alma.

   Yo no he sabido nunca qué decirle a "El". Porque además no sé por qué tiene que ser "èl" y no"ella" o "ello"...

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Mujeres escritoras, generación II

Taller Femenino de Creación Literaria (Segunda Generación)

Emprendí la tarea de juntar mujeres para ofrecerles la oportunidad de expresarse sin la censura masculina, simplemente para construir para todas (me incluyo, por supuesto) una especie de isla de descanso. Fue en 2006 y lo llamé TALLER FEMENINO DE CREACIÓN LITERARIA.

  No se trataba de reclutar un ejército de valkirias ni fomentar el rencor contra nuestro género complementario, sino simplemente dejar fuera del aula la parte del mundo que representa, en nuestra mente y espíritu, valores que nos son ajenos en muchos casos, en otros que los ejercemos con diferente enfoque, pero eso lo tenemos que callar. Era un lugar para nadar en el agua que nos es familiar, como el amor por la vida y la maravilla cotidiana de la vida concreta.

   Así que con la simple seguridad de haber cercado un espacio simplemente para actuar como mujeres sin obstáculos mentales, comenzamos a trabajar.

El proceso que se dio en los dos grupos que he atendido, el Taller I y el II, a lo largo de tres años, me fue transformando por completo la magnitud de lo encontrado: Un regalo para todas donde ejercimos la libertad de sentir, donde aprendimos a confiar ciegamente unas en otras y establecimos corrientes seguras y fluidas para comprender que somos hermanas en la existencia y espíritus que encarnan, por un lapso, ejemplos de los seres humanos más complejos y responsables de prolongar la vida.

   No lo puedo describir con más palabras. No se me ocurren. Mi mente ha dejado de explorar la expresión de lo logrado, para mejor entregar el corazón a sentirlo y sobre todo, compartirlo.

   Sí, hemos escrito cuentos y poemas. Hemos construido al menos una novela y empezado otras; hemos hablado de lo que es una metáfora y analizado la condición formal de otros ripios. Hemos mejorado la ortografía, la distribución de las ideas en los párrafos, la economía del lenguaje y aprendido a distinguir los tipos de narradores.

  Es la parte menor, es el excelente pretexto. Hemos hecho dos libros con muestras de trabajos. Los hemos mostrado a los demás y expuesto a los lectores.

   Hemos trabajado, pues.

   Pero también hemos vivido esta experiencia única, que sólo puede lograrse ajustando muchísimos y pequeños secretos… hemos experimentado el amor de y por nuestro género en completa LIBERTAD.

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(Si quieres saber sus nombres, ve a "Mis imágenes" y cliquea en la foto)

Fechas... para poemas que nadie lee

 

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Seguiré mirando en sus heridas y la cruz

la orden de tu ejemplo

 

Miraré sin rebeldía la sangre de tu hijo derramarse viva

sobre el destino fracasado de los hombres

 

No saldrá de mi boca una palabra

que menoscabe tu grandeza

ni traicione la verdad de su desolación

en la agonía

 

en tu abandono

 

Seguiré respetando tus designios

que no entiendo

pues no es necesario

que comprenda

 

Te amo

infinitamente

te amo

 

Estoy agradecida por la desoladora

y pequeña

capacidad para verte que me diste

 

Te amo

con la fuerza entera

de mi corazón cansado

 

Llegaré al final

bendiciendo mi vida

las perlas de dicha que me diste

y el desgarramiento en mis entrañas

que mi hijo provocó

para buscarte

 

Y evitaré renegar hasta mi tumba

del reproche ante ti

en su mirada

y del terror de verlo alucinado

intoxicado y al borde de la muerte

envenenado por la mano de los hombres

 

Porque ellos no saben lo que hacen

 

Si me has abandonado

sé que volverás

recogerás mis restos algún día

y lo comprenderé todo

o comprenderé nada

 

pero eso no tendrá importancia

pues soy sólo una partícula de luz

que emana de tu gracia

 

en nuestro gran universo

 

nuestra casa